martes, 1 de noviembre de 2011

Érase una vez

Érase una vez en un país muy muy lejano vivía un/a jovencito/a. Vivía con su familia, en una casa humilde en la que nunca faltaba pan en la mesa gracias al duro trabajo de todos, ya que cada uno aportaba su granito. Toda la familia se sacrificaba y hacía un gran esfuerzo para que los jóvenes no tuvieran que correr la misma suerte que habían tenido sus padres, finalmente y con el paso de los años ese duro esfuerzo se vió recompensado: aquellos jóvenes inexpertos e ingenuos crecieron y se hicieron casi adultos, eran personas hechas y derechas llenas de ilusión y ganas de hacer cosas por si mismos.

Un buen día decidieron que ya era hora de dejar la casa familiar y empezar una nueva etapa en sus vidas por sus propios medios. Algunos ancianos ya les habían dicho que el mundo fuera de la villa era grande, oscuro, corrupto, una jungla en la que tenían que pelear por un pedazo y en la que estarían la mayoría del tiempo solos, tendrían que hacer frente a miles de hechos que desconocían, a situaciones para las que no estaban preparados y ante todo ello tendrían que recuperarse, quitarse el polvo del ropaje, limpiarse y curarse las heridas y levantarse otra vez para seguir adelante. No tenían miedo, no les asustaba el mundo exterior o al menos esa es la sensación que querían y pretendían dar a los demás, empacaron toda la ilusión, esperanza y anhelos que tenían y marcharon a la aventura.

Con el paso del tiempo muchos de ellos volverían a casa, algunos con el rabo entre las piernas y otros clamando el calor y consuelo de la unidad familiar, pero aquellos más aventurados seguirían adelante, sin importar los vaches que tenían que superar y las veces que tendrían que levantarse, estos si que eran unos auténticos valientes. Al igual que les pasó a sus compañeros, necesitaban a su familia y muchas veces pensaron en volver y dejar atrás cualquier atisbo de valentía que hubieran mostrado, pero se aferraron con fuerza a sus ilusiones, enjugaron sus lágrimas, respiraron hondo y se levantaron otra vez.

Moraleja: no importa lo duro que sea el camino o cuan duro sean los baches que te puedas encontrar, aferrate siempre a tus ilusiones y sigue adelante.

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